17 mar 2026

El grito amarillo que vigila los Andes: un encuentro con el Cristofué


A veces el jardín no solo se huele por sus flores; también se escucha. En Boconó, el silencio es un concepto relativo. Si cierras los ojos un segundo, te das cuenta de que el aire está saturado de conversaciones en otras frecuencias. Son ellos, los dueños de las copas de los árboles, los que marcan el ritmo de nuestras mañanas trujillanas.  

Hace poco rescaté de mis archivos una toma de 2013. Eran las nueve y tanto de la mañana, cerca de las coordenadas 9°15'12.9"N 70°14'23.6"W. Me detuve frente a una superficie de concreto viejo, de esas que el tiempo ha ido tallando con grietas y musgo, y allí estaba él: un Cristofué (Pitangus sulphuratus).  

Lo que me detuvo no fue solo su pecho amarillo encendido, que contrastaba con la sobriedad de la piedra, sino su postura. No estaba buscando comida ni huyendo de nada. Estaba... mirando. Con esa cresta negra y blanca ligeramente despeinada, apuntando el pico hacia el cielo como quien espera una señal o, quizás, como quien se prepara para lanzar su grito al viento.  

El centinela del Jardín de Venezuela  

En los Andes no tenemos pájaros tímidos. El Cristofué es, probablemente, el más audaz de todos. En la foto se nota esa mezcla de arrogancia y curiosidad. Me gusta pensar que en ese microsegundo, el ave y yo compartimos la misma duda: ¿qué habrá más allá de esa montaña que nos abraza?  

Al editar la imagen, decidí limpiar el fondo. Quería que el espectador se olvidara por un momento del ruido visual y se centrara en esa resiliencia amarilla. Es un contraste que me fascina: la fragilidad de las plumas frente a la dureza del cemento; la calidez de su color frente al frío aire andino que bajaba en ese momento.  

Una simbiosis de ideas 

A veces uno toma la foto y solo años después entiende lo que "dice". Para mí, este encuentro resume lo que es vivir en Boconó. Es saber que, por muy dura que sea la superficie donde nos toque apoyarnos, siempre hay espacio para inflar el pecho, mirar hacia arriba y, como buen Cristofué, hacernos notar con alegría. 

Hoy, cuando vuelvas a escuchar ese ¡Cris-to-fué! que retumba entre los cafetales, fíjate bien. Puede que solo esté avisando que llegó la lluvia, o puede que, como en mi foto, esté simplemente admirando el paisaje que tenemos la dicha de llamar hogar.

13 nov 2025

El Jeep de Mauricio


Esta foto la tomé allá por el año 2006, en la avenida Los Leones, muy cerca del Hospital de Boconó. Recuerdo que aquella mañana el clima tenía ese gris suave típico del valle, como si la luz quisiera quedarse dormida entre los árboles. 

El Jeep que aparece en la imagen era de Mauricio —su apellido se me escapa, pero su entusiasmo no—. Él estaba decidido a vender su rústico y me pidió que le hiciera unas fotos para enseñarlo. Acepté encantado, porque en esos años fotografiar cualquier rincón del pueblo formaba parte de mi día a día. Casi sin darme cuenta, fui armando un pequeño archivo que hoy es un puente hacia ese Boconó que aún llevo conmigo.  

Ver este Jeep estacionado en la avenida me trae recuerdos de esa época en la que estos vehículos eran parte del paisaje: motores firmes, ruedas gruesas, techos cargados con maletas o herramientas, y siempre listos para enfrentar una subida de montaña o un camino de tierra. Eran casi un símbolo de quienes vivíamos entre cerros y neblinas.  

Cada foto como esta tiene su propia historia, y al mirarla ahora, siento que estoy allí otra vez: escuchando el murmullo de los árboles, el eco lejano de un motor, y el paso tranquilo de la vida en Boconó. 

26 dic 2024

Caminos de Niquitao: Memorias en Blanco y Negro


Hace casi doce años capturé esta escena en Niquitao, un pueblo andino lleno de historia y encanto, escondido entre las montañas del estado Trujillo. Esta calle, tranquila y sencilla, conduce a la famosa "Casa de Las Mantecadas," un lugar que guarda el legado de Isabel Moreno y su receta inigualable que endulzó tantas vidas. 

En primer plano, una pareja camina sin prisa, sus pasos parecen llevar el ritmo de la vida misma en Niquitao. Más allá, otra pareja hace lo mismo, sumida en una conversación serena, como si el tiempo aquí transcurriera de otra manera, sin la urgencia del mundo exterior.  

Aunque sus calles empedradas ya son cosa del pasado, borradas poco a poco por la desidia y la falta de cuidado de las autoridades, Niquitao conserva una parte de su esencia gracias al esfuerzo de algunos de sus habitantes. Las huellas de la historia no siempre logran preservarse en su totalidad; solo quienes cuentan con recursos o de vez en cuando una inversión lograda con esfuerzo pueden mantener viva parte de su legado. A pesar de ello, el pueblo sigue siendo un reflejo de la resistencia y la belleza andina.  

Niquitao tiene una calma que se siente en el alma. Sus calles, rodeadas de fachadas de tapia blanca, cuentan relatos de generaciones, aunque muchos de estos estén en riesgo de perderse. La tranquilidad que se respira invita a detenerse, a escuchar el murmullo del viento entre los árboles y a observar cómo las montañas protegen a este rincón del olvido.  

Cada detalle en esta fotografía me transporta a esos días en los que recorría estas calles con mi cámara en mano, buscando capturar no solo imágenes, sino también emociones. Esta es mi manera de mostrarles lo que veía a diario: un pueblo lleno de vida en su aparente quietud, donde la sencillez es sinónimo de belleza.

5 feb 2024

Pinos


Me alegra saber que logré recuperar este archivo. La nostalgia me envuelve al recordar enero de 1996 en el Hospital Rafael Rangel de Boconó, mi querido pueblo en las montañas andinas de Venezuela. Era un día de visita común, y la atmósfera del hospital contrasta notablemente con su estado actual.  

Mientras espero en uno de los pasillos, me detengo a observar a través de los grandes ventanales despegables. La vista me lleva a capturar con mi cámara el paisaje que forma parte del área del recinto: imponentes árboles de pino que se alzan majestuosos, abrazando la zona donde los niños eran hospitalizados. Estos árboles, testigos silenciosos de tantas historias, se han convertido en parte inseparable de mis recuerdos de Boconó. Cada rincón de mi pueblo está impregnado de esa esencia única que solo las montañas andinas pueden ofrecer. 

22 sept 2023

Pared exterior del museo


Hoy quiero compartir esta foto sobre esta sección de la pared exterior de la casa que alberga el Museo Trapiche de los Clavo, como mencioné en una publicación anterior. Esta pared es una verdadera joya histórica, un antiguo muro de tapial reforzado en algunas de sus secciones con adobes y piedras. Se estima que ha resistido los embates del tiempo durante más de 150 años desde su construcción.

30 may 2023

El puente


La foto del puente de hierro sobre el río Boconó nos recuerda la importancia de la infraestructura para el desarrollo de una comunidad. Este puente fue construido con la finalidad de permitir la comunicación entre dos zonas: la Loma Bichó y Santa Rosalía que está prácticamente a las orillas de la carretera Boconó-Trujillo, este paso ha facilitado el traslado de las personas que van a pie. Aunque no es un puente tan nuevo y resulta un poco angosto, su existencia ha sido fundamental para la integración de la comunidad y el desarrollo de la vida cotidiana de la zona.

Los Compadres


La foto es del grupo Los Compadres que estuvieron presentes en la exposición fotográfica Crónicas de Boconó, Cuentos, Retratos y Miradas, y ese mismo día se presentó el libro “Los tres Clavo” del escritor boconés Domingo Miliani. Esto se realizó en el Museo Trapiche de Los Clavo el 17 de mayo del año 2013, ahí pudimos capturar la esencia de los músicos tradicionales de esta región andina, llena de folklore, alegría y pasión. En la imagen, se puede apreciar a los cuatro miembros de la agrupación musical de ese entonces.  

La música andina es parte fundamental de la identidad cultural de la región y es un patrimonio que se ha transmitido de generación en generación. La presentación de Los Compadres en este evento es un claro ejemplo del valor y la importancia que se le da a la música tradicional en la ciudad, y cómo esta se mantiene vigente a lo largo del tiempo. Los Compadres estuvieron presentes en estos dos actos especiales, que fueron un preámbulo de la celebración de los 450 años donde germinó o marcó el inicio del asentamiento de Boconó, esa fecha fue un 30 de mayo de 1563.