Esta fotografía la hice en 2010, en la calle Sucre, en pleno centro de Boconó. Caminaba por allí, como tantas veces, cámara en mano y atento a esas cosas que probablemente para otros pasaban desapercibidas. Una calle cualquiera podía terminar convirtiéndose en una fotografía.
Me llamó la atención aquella mezcla tan propia del centro del pueblo. A un lado, las viejas casas de paredes claras y techos de tejas; al otro, elementos que hablaban de una época más reciente. En primer plano, las puertas azules de una peluquería y barbería destacan bajo el sol. Encima, los cables eléctricos atraviesan el cielo en todas direcciones, mientras una vieja lámpara queda suspendida sobre la calle. No es una postal preparada. Es Boconó haciendo su vida.
Al fondo todavía se alcanzan a ver las montañas. Esa presencia siempre estaba allí, incluso cuando uno caminaba por las calles más céntricas. Era suficiente levantar un poco la mirada para recordar que el pueblo estaba metido entre montañas.
También me gusta el juego de luces de esta fotografía. La parte cercana está en sombra y, unos metros más adelante, el sol cae con fuerza sobre las fachadas. Hasta el vehículo que aparece a la izquierda parece formar parte de la escena sin haber sido invitado. Esos pequeños accidentes son precisamente los que me interesaban cuando fotografiaba Boconó: no buscaba construir una imagen perfecta, sino guardar un instante tal como se presentaba ante mí.
Han pasado muchos años desde aquella toma. Algunas cosas habrán cambiado y otras seguramente permanecerán. Así son los pueblos: mientras uno vive en ellos, casi nunca se da cuenta de que está caminando sobre una fotografía del futuro.
Quizás por eso sigo guardando estas imágenes. No para decir que Boconó debe quedarse detenido en el tiempo, sino para recordar cómo era mientras nosotros también cambiábamos con él.
